Hacia un cambio de Paradigma

La enfermedad, somatización del desamor

Por en 19 septiembre, 2014 en Salud con 1 Comentario

Vivir en el corazón, esto sería vivir con salud.

Cada vez que juzgo, rechazo o desprecio a alguien, desencadeno una reacción del campo de pertenencia para corregir esta exclusión: el mismo campo me va a devolver (a mí o a mis descendientes), en espejo, esta intención de exclusión utilizando una metáfora de mi rechazo.

Young Woman Enjoying the View

Voy a vivir la exclusión que deseo al otro de modo físico, en mi misma, en mi cuerpo, hasta que me dé cuenta y vuelva al amor por esa persona y por mí misma.

Este fenómeno, al servicio de la reinclusión, es la enfermedad, a la que voy a rechazar con la misma intensidad con la que rechace a aquella persona.

La primera experiencia de exclusión se remonta a los primeros meses de vida, cuando nuestro amor incondicional y mágico se tropezó con la primera carencia o el primer trauma. Y, como bebé inocente, nos dimos de bruces con la primera brecha a esta confianza ciega en la vida.

El encuentro inesperado con ese dolor, con ese primer dolor de amor, es demasiado para ese bebé: no puede vivirlo, no sabe llorar el dolor. Y suplantan al dolor las emociones secundarias de miedo, enfado, culpa y vergüenza que van a permitir una pseudo protección al niño.

Ahí se gesta el NO a la madre, el NO a la vida, el NO al amor. NOes que se van a transformar en nuestro recurso dominante frente a situaciones que nos vuelvan a coger por sorpresa, engañando nuestra confianza ciega. El miedo, la agresividad y el rechazo se hacen fuertes cada vez que nos enfrentamos a un conflicto que rompe el equilibrio que habíamos conseguido. Y por defensa propia, expulsamos de nuestras vidas al conflicto – o sea a la vida como es – y a la persona que lo promueve.

Cuando decidamos ver al que hemos rechazado como a un igual, cuando aceptemos la presencia de ese conflicto en nuestra vida, la enfermedad se transforma.

Antes de llegar a aceptar la vida como es, solemos transitar por una etapa complementaria de la anterior, una fase de reparación tanto física como psíquica. Nos identificamos al excluido, estamos en la víctima, y, a veces, hasta renunciamos del todo a la vida.

Una vez más siguiendo el patrón de los primeros meses, buscamos ahora la dependencia y la protección, arropándonos en las quejas y acusaciones  a los sanos y a la enfermedad. De nuevo el NO a la vida como es, con su cortejo de impotencia, miedo, autocompasión, envidia, resentimiento, culpa, manipulación. Y el sufrimiento de nuestro cuerpo que va a ser el reflejo de nuestro victimismo.

Hasta que de nuevo aceptamos amar la vida  como es, amarnos como somos, amar la enfermedad, amar los conflictos y las crisis. En ese momento el campo nos devuelve esa energía de amor en forma de salud.

La misión de la salud es reconciliarnos con la vida, con la madre, con los demás y con nosotros mismos.

La enfermedad está al servicio de la salud. La enfermedad es amor.

Brigitte Champetier de Ribes

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  1. Gale Edit Mimessi dice:

    Gracias

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